Reflexiones y pequeños cuentos de un apasionado de la lectura y la escritura.
domingo, 21 de septiembre de 2014
El paso del tiempo
En la confusión del más estrepitoso e improvisto ruido. En el más tierno, envolvente y mecedor silencio. En la dura y fría roca golpeada por el mar. En lo que se repite, en lo que cesa. En el aroma de un bosque de eucaliptos y en los bolsones de seda repletos de orugas que penden de su ramaje. En cada latido del corazón de un ciervo que huye de las flechas del cazador. En cada suspiro extasiado tras las miradas de un primer amor. En cada calada expirada de un cigarro rubio. En el aire que respiró cualquier generación. Igual que un corredor de maratón que no miro atrás. Estamos impregnados de eso que no se puede tocar. Somos parte de eso que no se puede parar. Delimitados por el tiempo hasta la última palabra de nuestra hipotética autobiografía. Incesable, que nos acompaña y nos atemoriza. El tic-tac que recuerda que ningún instante pasado se podrá cambiar. La incesable dificultad de tratar de tomar la decisión correcta. Somos la relación entre determinación, tiempo y miedo. A veces nos acomodamos y como un perro que deja escapar la liebre por pienso, desechamos la mejor oportunidad.
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En el más tierno, envolvente y mecedor silencio, en lo que se repite, en lo que cesa en cada calada expirada de un cigarro rubio, estamos impregnados de eso que no se puede tocar. Somos parte de eso que no se puede parar. Delimitados por el tiempo. El tic tac que recuerda que ningún tiempo pasado se podrá cambiar. La incansable dificultad de tratar de tomar la desicio0n correcta. Somos la relación entre determinación, tiempo y miedo. A veces nos acomodamos y como un perro que deja escapar la liebre por pienso, desechamos la mejor oportunidad ¡!
ResponderEliminarPerdón, me has enviado el mismo texto que he escrito?
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